viernes 26 de diciembre de 2008
Como un bebé a una gran teta materna, me succionaste. El alma, los sueños. Poco a poco mis huesos se cansaron de aguantar la presión. Succionaste, primero mis besos, después el sexo, desgastaste mi corazón con estúpidas subes y bajas de emociones, mi amor y hasta el último peso en el monedero, las tardes familiares y los cigarrillos en el parque. Succionaste sin pensar en lo que iba a quedar, ahora que me tienes en frente te quejas de que ya no soy la misma y que no tengo nada para entregarte.

